¿Y respecto a la revolución digital?


Ya es conocida la magnitud de los cambios que las nuevas tecnologías han propiciado en la sociedad, podemos citar muchos ejemplos como los cambios en la economía, las nuevas formas de sociabilización, la instantaneidad de los mensajes y la comunicación constante, entre otros. Si bien Marea Granate no es un movimiento que exista únicamente en internet, podemos decir que su gran capacidad de convocatoria se debe mayormente a la adecuada explotación de este recurso. Debemos pensar en dicho colectivo como un movimiento que se ha apropiado de los nuevos medios para ayudar a alcanzar sus objetivos.
Como ya hemos comentado en artículos anteriores, Marea Granate es un movimiento social, un colectivo de exiliados económicos de España tras la crisis de 2008. En su mayoría, se trata de jóvenes con formación académica (carreras de grado, posgrados e incluso maestrías, con buen manejo de varios idiomas) que, al no encontrar trabajo en su país natal, decidieron emigrar en busca de mejorar su situación económica y perspectivas a futuro. No obstante, a pesar de haberse mudado a diferentes países, decidieron comenzar este movimiento que reivindica sus derechos como ciudadanos españoles, a su poder de decir a pesar de estar lejos físicamente.
Entre otras tantas acciones, la revolución digital les permite manifestarse en contra de las decisiones gubernamentales sin sufrir las consecuencias de la “Ley de Seguridad Ciudadana”, que es conocida por los españoles como “Ley Mordaza” ya que, entre otras prohibiciones, castiga con el pago de hasta 600.000 euros la participación “en manifestaciones o reuniones no comunicadas en instalaciones que prestan servicios para la comunidad” (Claves de la polémica ley Mordaza de España, 2016).

Las convocatorias del colectivo serían impensables fuera de los avances que brindan generados por la sociedad de información. Nos encontramos frente a un fenómeno que abarca lo virtual a nivel de la red pero también lo presencial, al realizar diferentes manifestaciones a lo largo de los países donde se encuentran instalados. La comunicación constante, fluida e inmediata les brinda la posibilidad de una respuesta casi instantánea a lo que sucede en su país natal. Poniendo un ejemplo concreto, en los masivos desahucios que se llevaron a cabo (explicados en la sección Tramas de corrupción e indignación)

Por supuesto que no se puede afirmar que los movimientos sociales surgen con internet ni que no serían posibles sin él. Los grupos consolidados que luchaban por los derechos y contra las injusticias de sus pueblos, tanto en su país natal como en el que los había acogido, ya existían mucho antes de la revolución digital. La diferencia con la sociedad de la información en la que vivimos es que sus demandas no eran escuchadas inmediatamente y sus respuestas no eran tan rápidas, tampoco había necesidad de que lo fueran ya que los tiempos y los movimientos eran diferentes. Con la inmediatez y la comunicación constante nos encontramos con este nuevo fenómeno, que reconfigura varios aspectos de la movilización social.
A partir de consultas realizadas a personas relacionadas con movimientos sociales españoles pudimos ver que existe una nueva forma de sindicalismo, que necesita de las redes para hacer posibles sus convocatorias. Nos explicaban que los nuevos movimientos sindicales ya no agrupan profesiones dentro de un sector sino a los sectores en sí, por ejemplo, la llamada Marea Verde es la que nuclea al sindicato de la educación, tanto a los educadores como a los funcionarios y a los estudiantes, la Marea Blanca es la de la sanidad y reúne a médicos, enfermeros, cirujanos, etc.
La nueva sociedad de la información, que tiene como una de sus herramientas principales el internet, condiciona estas nuevas formas de sindicalismo. La gente ya no se junta en la puerta de las fábricas, sino que se encuentra por internet. La mayoría de los trabajos actuales de esta nueva sociedad requieren de una persona frente a una computadora y si a eso le sumamos la dependencia que nos ha generado la red a través de los celulares, podríamos concluir que este termina siendo el nuevo punto de encuentro para las personas. Así, resulta lógico que las nuevas convocatorias a manifestaciones de cualquier tipo se realicen mediante la explotación de dicho medio. Por otro lado, en palabras de nuestras fuentes también podemos afirmar que “si bien el activismo digital ha aumentado el tradicional, 100.000 clicks no es lo mismo que 100.000 personas en la calle”.
Un cambio técnico específico que es característico de la revolución digital es que brinda la posibilidad de realizar conferencias en línea, permitiendo a cada participante ser parte del movimiento desde su propia casa. Si bien las instancias presenciales no se eliminan, los integrantes del colectivo pueden participar de las asambleas desde cualquier parte del mundo.
Anteriormente, y citando casos más cercanos, podemos pensar en todos los movimientos sociales de nuestro país que buscaban y luchaban por los derechos de la ciudadanía, del trabajador (algunos siguen haciéndolo hoy), etc. Si pensamos en casos como el de la última dictadura militar uruguaya ocurrida entre los años 1973 y 1985, los exiliados no tenían contacto alguno con quienes se quedaban en el país. De todas maneras, es importante destacar que estos grupos eran movimientos guiados por una ideología que dirigía las intenciones, las motivaciones y el fin al que se deseaba llegar, tenían dentro de su identificación marcadas afiliaciones políticas. Marea Granate, sin embargo, no tiene ninguna simpatía política en particular, ni tampoco una ideología compartida por todos sus miembros, lo que los une es la situación crítica por la cual tomaron la decisión de emigrar.
La desterritorialización que posibilita la red genera, además, un nuevo fenómeno que es la movilización colectiva y sincronizada en diferentes puntos del globo. Es decir: una gran movilización dividida en los diferentes países de residencia de sus integrantes. Este fenómeno sería imposible de lograr de no contar con la inmediatez de la comunicación que se tiene hoy en día.

Esta misma instantaneidad provoca un cambio social importantísimo que es la viralización de los problemas. Cualquier persona puede saber que los derechos de una persona están siendo violentados desde el otro lado del mundo en el mismo momento en que el hecho se está llevando a cabo. Incluso puede grabarlo y mandarlo a otros cientos de personas, y ellos a otros, y así sucesivamente. De esta manera, los problemas se vuelven más cercanos y hay más posibilidad de generar empatía con estas situaciones. Sin embargo, si el acercamiento de los problemas queda simplemente en el sentimiento empático, es un sinsentido. Lo importante, es que estas viralizaciones pueden llevar a movimientos y manifestaciones que intenten cambiar algo de esa realidad.