Al comenzar este trabajo, nuestras opiniones se encontraban casi en su totalidad polarizadas entre los teóricos y fundamentos funcionalistas y los críticos a los que tuvimos acceso a partir de los textos trabajados en clase. La mayor parte de los miembros del grupo nos posicionamos en la idea de que para generar un cambio social real se precisaba del compromiso corporal, de la manifestación y la presencia física. Es por tanto que todas las hipotéticas respuestas que nos planteamos llegaban a la misma conclusión: Internet es un mero cambio instrumental operativo y no significa una transición entre dos épocas.
Nos enfocamos en extraer ideas de Dênis de Moraes tales como que “es en el territorio físico, socialmente vivenciados que se traban y se trabarán las luchas decisivas por otra comunicación y otro mundo posible” (De Moraes, 2007). El grupo comparte su postura cuando afirma que no podía ser una revolución tecnológica, ya que no todos tenían acceso a internet de la misma forma, ni lo utilizaban con los mismos fines pero en contraposición a esto podemos establecer que en cambio si todos tenían acceso a salir a la calle a manifestarse para lograr sus objetivos.
Además considerar el espacio virtual de Internet, como un lugar democrático, donde las reglas las pone el usuario y no existen mediadores o clasificadores de la información que circula es, en cierta medida un poco ingenuo. Hoy en día, aún son las grandes corporaciones económicas las que manejan los sitios más visitados de Internet, la información no circula libremente, siguen primando los intereses económicos y políticos. También es importante no pasar por alto la clara división que se genera entre quienes tienen acceso y quienes no, y en los diferentes usos que se le da a la conexión.
Autores como Gladwell nos reafirmaba en esta postura cuando, por ejemplo afirmaba que las plataformas de las redes sociales se construyen alrededor de lazos débiles, los cuales rara vez conducen a un activismo real o de alto riesgo. Nos resonó profundamente la afirmación de que “las redes sociales son eficaces para incrementar la participación -por disminuir el nivel de motivación que la participación requiere” (Gladwell, 2010) . Es decir, se masifica el “activismo” en redes sociales porque en sí, se requiere de muy poco para ser partícipe del mismo. Donar una pequeña cantidad de dinero, compartir información para que su difusión incremente, denunciar “públicamente” una conducta o procedimiento incorrecto desde la comodidad del sillón de la casa, pero rara vez este tipo de activismo requiere posicionarse a sí mismo en una situación de riesgo o confrontación física.
A su vez, los miembros de las redes tienen el sentimiento de empoderamiento regido por el hecho de la falta de jerarquías. Es decir, todos los participantes de este tipo de activismo tienen la misma importancia y el mismo poder de decisión, esto se puede traducir como una mayor involucración con la causa, pero también, como un activismo acéfalo que al no responder a una jerarquía, un jefe o un grupo de personas realmente comprometidas con la causa, fácilmente se desorganiza y carece de estrategias, consenso o metas claramente establecidas.
Este tipo de activismo a una escala menor, puede tener resultados claramente visibles y a un relativo corto plazo de tiempo, pero no a nivel político o social, ya que carece de la fuerza y el compromiso que se requiere para un cambio medular a nivel social.
Sin duda la posición más fuertemente marcada con la que nos topamos fue con la de Freytas, él concibe como “irradiante y reduccionista” el eje de acción y protesta de los “indignados” (Freytas, 2011). Es decir, no es su accionar, ni siquiera el uso que le dan a las nuevas tecnologías lo que a él le llama la atención. Su principal crítica se encuentra en el hecho de que considera que la visión que tiene este colectivo, ampara las formas de dominación actuales, propone un cambio de titiritero, pero habilita -sin cuestionarlo- al modelo económico y político por el cual se llega a tales situaciones de crisis.
Por ende, siguiendo su línea de pensamiento, nos encontramos nuevamente y de forma aún más radical, en la posición en la cual criticamos fuertemente el tipo de accionar de estos grupos sociales. Su motor, valída la hegemonía actual y perpetúa las formas de dominación y explotación existentes, disfrazados bajo la bandera de crítica social y revolución. Aún más fervientemente llegamos a la conclusión de que se “confunden las formas con el contenido”, su forma de crítica, de acción, su forma de protesta y revolución se encontrarían vacías de un contenido real, político e ideológico. Siendo algo así como un simple cambio de fachada.
Luego, tuvimos la oportunidad de entrevistar, discutir e intercambiar opiniones con miembros activos de movimientos sociales españoles, quienes nos brindaron otro punto de vista mucho más positivo, funcionalista quizás, cuya instancia se encuentra explicitada anteriormente en este trabajo.
Y tras realizar una segunda lectura, nos encontramos con la dificultad de que nos resultaba más confuso volver a encontrar esos puntos que en un principio identificamos como claramente críticos. Ahora se nos mostraban más matizados y esto nos dificultaba llegar a un consenso con nosotros mismos y en las decisiones finales. La postura que inicialmente nació como puramente crítica comenzó a diluirse en nuevas ideas no tan polarizadas, en nuevos vértices que se nos mostraban y nos señalaban posturas que no habíamos tenido en cuenta hasta el momento.
Tras avanzar en la investigación fuimos cayendo en la cuenta de que en realidad no nos encontramos tan alejados históricamente del comienzo de este fenómeno tecnológico y social como para poder entenderlo en su totalidad y comprender su complejidad, así como sus consecuencias a largo plazo. Sobre todo nos chocó darnos cuenta de la perspectiva que nos arrojaban acerca de “hacer revolución”. Desde el comienzo de nuestras discusiones partimos de un concepto de cambio social también muy polarizado y de repente pudimos ver que había gente que iba tratando de hacer los cambios de a poco, lentamente. Así que la discusión terminaba transformándose, claro está, en la forma-ideología de proceder y prender los cambios y movimientos sociales.
Buscamos las consecuencias, es decir, los logros que grupos como Marea Granate habían conseguido con su accionar y no encontramos más que la visibilidad de su problema. Pero, ¿es eso acaso tan poco? Digamos que, todos los grandes cambios sociales y políticos que han surgido en las sociedades occidentales han sido fruto de grandes conflictos, de confrontamientos y movilizaciones, huelgas, ocupaciones y demás activismos (en palabras de Gladwell, “activismo de alto riesgo”). Han sido tensiones sociales que crecieron con el tiempo, pero que justamente, fueron alcanzados luego de largas luchas.
¿Tiene Marea Granate el suficiente tiempo desde su nacimiento a la fecha como para lograr grandes cambios? ¿Tienen sus miembros en sus manos, las grandes nuevas tecnologías como armas para luchar contra lo que ellos consideran injusto?
Quizás, no haya pasado suficiente agua bajo el puente como para que podamos llegar a una respuesta. Sí podemos verlo desde el punto de vista del día de hoy, pero ¿mañana no serán capaces de abrir nuevas puertas?
El activismo digital, requiere de poca participación real, pero a su vez es capaz de unir lo que inicialmente se encuentra separado. Aquí devenimos en, lo que nos parece uno de conceptos más interesantes de los que investigamos: los sindicatos sociales. Éstos también requieren de menos requisitos que los tradicionales. Es decir, no es necesario pagar una mensualidad, no es necesario ser “miembro de” cierta población para poder participar de ellos, ni siquiera formar parte de una institución. Simplemente hay que desear hacerlo. Lucharán contra los inconvenientes de la horizontalidad de las redes, pero con una buena organización podrían ser capaces de realizar un verdadero cambio.
Es verdad que hasta el momento, poco y nada ha cambiado en España con las diferentes mareas, pero la lucha sigue allí, está presente y creciendo. Está allí, y está aquí y en todos los lugares donde sus nodos se encuentren activos.
Es importante saber adecuar las luchas a los tiempos históricos en las que se efectúan, si ahora los trabajadores se encuentran cada vez más segregados, cada vez su trabajo se vuelve más autónomo del otro, es difícil poder formar un sindicato si no sabes quién es tu compañero de trabajo. Aquí es donde las redes podrían cobrar fuerza, buscando la unión. En la unión de todas las personas que se vean afectadas y deseen realizar un cambio real.
Seguimos afirmando que el cambio se da en el ámbito físico, aunque también es verdad que sólo la presión de las huelgas, las ocupaciones y demás hace varias décadas no logran cambios sustanciales en sus condiciones (al menos en España) pero ahora queremos dejar abierta la puerta, la duda, si logramos mediante las redes concientizar y motivar lo suficiente a la población para que sea capaz de salir a la calle, capaz de salir del sillón para realmente buscar el cambio, ¿no serían acaso las redes una forma efectiva y cómoda de hacer llegar el mensaje?.
Las luchas sociales han cambiado, así también han cambiado su forma de manifestarse, de presentarse y de engendrarse. La sociedad ha cambiado, pero aún así, es capaz de autocrítica y búsqueda de mejorías. Es cuestión que las primeras logren encontrar su posición en las segundas, que adecúen sus medios y formas a las nuevas tecnologías y utilicen todo el potencial para sus fines.
Por el momento, Internet ha sido un cambio instrumental operativo, pero a futuro ¿no podría significar una revolución tecnológica y social?